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Desde niños nos enseñan a elegir una profesión, pero rara vez nos enseñan a amar. Este poema, titulado «Cuando sea grande», es una reflexión profunda sobre qué es el amor verdadero. Un viaje a través de la observación de nuestros padres, descubriendo que la verdadera madurez no se mide en logros profesionales, sino en la capacidad de construir un amor equilibrado que cuide y sea cuidado.
Cuando Sea Grande»: Un Poema sobre la Difícil Tarea de enseñar qué es el amor verdadero.
Alguna vez me preguntaron, como a todos,
“qué querría ser de grande”.
Y sin que me diera cuenta,
ese día llegó, ausente de respuesta.
Porque si antes contesté fue por reflejo.
Sin idea de lo que vendría después.
Sin saber de lo que de verdad te hace crecer.
La pregunta parecía ser sobre profesiones
Si quisiera ser ingeniero, médico o aviador.
Si quisiera ser abogado o constructor.
Pero nade consultó si quisiera ser de alguien,
su más grande amor.
“Sos chico, ya habrá tiempo”, me decían si curioseaba,
Sin que yo pueda entender,
que el dar amor, no puede dejar de ser materia,
si hablamos de real educación.
Entonces tuve que aprenderlo por observación.
Como tuve suerte, fui testigo,
de dos seres que se amaban sin concesiones.
Su amor no era perfecto, pero si equilibrado.
A veces parecía resquebrajarse,
pero ahí estaban ellos, reparando todo a nuevo.
A veces brillaba con intensidad,
y entonces allí seguían, aunque disfrutando a pleno.
A veces se escondía, como ausente,
hasta que desde el fondo gritaba,
que jamás se iría, mientras lo cuidaran.
Que jamás se apagaría, mientras lo alimentaran.
Y cumplió la promesa y los acompañó
Hasta que uno de ellos dio el último suspiro
Y así y todo, jamás dejó que impere el olvido,
y ese amor nunca dejó solos a ninguno de los dos.
Y entonces supe que cuando fuese grande, querría uno igual.
Un amor que pueda generar yo mismo,
pero al que se pueda mantener de a dos.
Uno que sea tan transparente
que no permita que nos ocultemos
ni nos reflejemos mal.
Uno que nunca me deje quitar más de lo que doy,
ni que omita recordarme,
que para que no se vaya, ni se muera,
nunca habrá un “yo” que valga más que el “nosotros”.
Ni un “nosotros” que anule nuestros “yo”,
sino que los eleve.
Hoy ya soy grande y nadie me pregunta qué quiero ser.
Y al fin soy lo que nadie imaginó (ni siquiera yo).
Y ya fui el gran amor de alguien y otros lo fueron para mí.
Y también pude serlo y no fue así,
porque no todo en la materia aprendí.
Así que pueden seguir preguntando,
sobre lo que quiero ser de grande,
porque me voy a sentir realmente enorme,
cuando alguien por fin me diga,
que he aprendido a amar.
***
Detrás del telón: La verdadera madurez emocional
Escribir este poema fue un homenaje a la escuela de la vida. Entender qué es el amor verdadero requiere darse cuenta de que no se trata de príncipes azules ni de pasiones de película. El amor real es el que se repara a nuevo cada vez que se resquebraja. Aprender a amar significa comprender que un «nosotros» nunca debe anular nuestros «yo», sino que ambos deben elevarse mutuamente. La verdadera grandeza no está en cuánto éxito tenemos, sino en cuánto hemos aprendido a amar sin perder la esencia.

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Preguntas Frecuentes
¿Qué es el amor verdadero en psicología?
En psicología, el amor verdadero es un vínculo que combina intimidad, pasión y compromiso. No es una idealización de cuento de hadas, sino una conexión real donde ambas personas se eligen mutuamente todos los días. Implica respeto por los límites del otro, resolución sana de conflictos y un equilibrio donde el «nosotros» potencia a los dos «yo» individuales.
¿Cómo aprender a amar de forma sana?
Aprender a amar de forma sana requiere primero trabajar el amor propio y la madurez emocional. Implica observar relaciones de referencia (como la de nuestros padres), identificar qué patrones queremos repetir y cuáles queremos sanar. Amar sano es no depender del otro para ser feliz, sino compartir la vida desde la abundancia, la comunicación y el respeto mutuo.
¿Qué significa tener un amor equilibrado?
Un amor equilibrado es aquel donde ninguno de los dos da más de lo que recibe, y donde el sacrificio no es el pilar de la relación. Significa que ambos miembros cuidan del vínculo con la misma intensidad, permitiendo que cada uno mantenga su identidad, sus amistades y sus pasiones individuales sin que el otro se sienta amenazado.

